lunes, 28 de abril de 2008

Pude haber llorado


Por las venas de Liliana Herrero corre el Paraná todo.
Entre canción y canción, con una mano toma el vaso de vino
y con la otra despeina la selva misionera,
y sacude árboles y despierta pájaros.
Liliana Herrero es la diferencia entre una cantante y una intérprete,
entre una intérprete y una artista,
entre el arte y un nenúfar bailando solitario en la corriente.
Es el jadeo profundo de Chavela Vargas,
la imperturbable grandeza de Mercedes Sosa
y la generosa intemporalidad de Atahaulpa Yupanqui.
Ayer, domingo, Liliana Herrero presentó su último disco
en un Teatro del Libertador repleto de almas emocionadas.
Yo pude haber llorado, también reí.
Nos dice que aludiendo a un alto comando del ejército inventado en el momento, uno de sus músicos
pudo subir al avión que lo trajo a Córdoba sin documento, se ríe.
Dice estas cosas y también agradece al público, ella agradece.
Mi hermana dice: "esta re loca...me encanta".
Cantamos, marcamos el ritmo
de alguna chacarera,
aplaudimos, nos compramos el disco.
Liliana Herrero es un momento en nuestra vida
en que fuimos a al teatro y nos sentamos
a cifrar los recuerdos, las penas y los anhelos de la tierra.

miércoles, 27 de febrero de 2008

El Buen Pastor


Cuando se conoció el fallo, Luis Medina Allende fue acorralado por la prensa. Entre saludos de familiares, de pronto un hombre se acercó a los micrófonos y gritó: “Es un héroe de la patria”. Y abrazó a Medina. Era Luis Vanni, el titular de las Brigadas Vanni, del PJ. (La Voz del Interior- Viernes 8 de febrero de 2008)

Claves para no entender - o - Alegato a favor del sentido poco común:

  • Medina Allende había sido acusado por la autoría intelectual del homicidio del ex legislador radical Regino Maders, asesinado a balazos por la espalda el 6 de setiembre de 1991. El tribunal dijo que no existieron pruebas concretas ni tampoco hubo una “acumulación de indicios” categórica para condenar a Medina Allende. Desde un principio se pensó en la posibilidad de un “crimen político” pero desde el radicalismo se insistió en el “crimen por polleras”, desestimando nerviosamente cualquier otra razón. El partido y los colegas de Maders se lavaron las manos, pero ahora legislan, en Dean Funes al 92, en la sala del Palacio Legislativo de Córdoba que lleva su nombre: un gesto político para un crimen por polleras, claro.
  • Como Al Capone, que fue detenido por “evasión de impuestos” mientras todo el mundo sabía que coleccionaba crímenes, Medina Allende, en su momento, fue condenado a ocho años de prisión por haber cometido una “maniobra fraudulenta”: estafó a un empresario alemán vendiéndole un edificio, que era propiedad del estado, para que ponga un casino, cuando ni siquiera estaba permitido el funcionamiento de este negocio en el ejido urbano. Al descubrirse la jugada, Medina Allende estuvo prófugo, escondido en un departamento del centro de la ciudad, viendo por TV como lo buscaban.
  • Se lo investigó por enriquecimiento ilícito y también se lo relacionó con el tráfico de drogas en complicidad con el hijo del ex gobernador Angeloz. Se hizo de muchos amigos consiguiendo autos a precios sugestivamente bajos y su nombre resonó en muchas causas judiciales que lo vinculaban a negocios turbios. Su entorno está podrido de delitos, amenazas y muertes dudosas; y de una manera grotesca por lo evidente, literalmente se viene burlando, hace años, de la justicia de Córdoba (o la justicia se burla con él de todos nosotros)
  • Mientras se investigaba su vínculo con el asesinato de Maders, por tener más de 70 años, Medina Allende gozaba de prisión domiciliaria en su casa de Tanti, pero como abandonó sin autorización la casa, el beneficio le fue revocado. Antes de esto, se paseaba por la zona a la vista de todos los vecinos del lugar. En páginas de internet que promocionan las sierras cordobesas, la casa de Medina Allende figura como parte de los circuitos turísticos.
  • En la foto que ilustra este texto, propio de la descripción de un “villano” de Ciudad Gótica (no sólo por lo brutal de su biografía criminal sino por la sucia red de corrupción que revela, entre la policía, la justicia y el poder político), se ve a Medina Allende, en su faceta más cínica, festejando su absolución en el Paseo del Buen Pastor: este predio que intentó vender fraudulentamente y que finalmente lo llevó a la carcel durante el gobierno de su amigo de la infancia, el ex gobernador Eduardo Cesar Angeloz, cuyo sueño de convertir el mismo predio en un centro comercial -al igual que hizo con la Escuela Gobernador Olmos- pudo llevar a cabo recién antes de terminar el madato y como trofeo de guerra, su sucesor y eterno enemigo funcional José Mahuel De la Sota.
  • Antes de su paseo triunfal, alguien abrazó a Medina Allende y le regaló un cumplido, que es el perfecto final para este capítulo de la insoportable comedia del poder y la justicia cordobesas: “Héroe de la patria”. El que lo gritó fue Luis Vanni, titular de las “Brigadas Vanni”, una organización del PJ, parodia de Montoneros, culpables sólo de los atentados al hígado que se auto-imparten cada domingo al medio día. El peronismo también saluda a Medina Allende, el buen pastor.

viernes, 4 de enero de 2008

La gran paradoja de ser Internet


Una paradoja es una incompatibilidad, una convivencia ilógica de cosas, es una calle de dos manos pero del ancho de un solo auto. Internet es una paradoja, la más grande, la más expandida, la más paradigmática. No tienen más que mirar el “membrete” de mi blog en donde coexisten un Snoopy con pantuflas amarillas, una manzana de plástico que no parece una manzana de plástico, un elefante rubio de plastilina, un muñeco de madera pensativo y sin panza, un pequeño samovar, un autito fúnebre que lleva a dos calaveras recién casadas y a un perro con la lengua afuera (que lástima, el perro no se ve, es el detalle más raro del juguetito mejicano), un “Reverendo Alegría” de Sprinfield, un esqueleto punk y un monito de risa triste ¿En qué otro lugar sino en Internet podría reunir estos objetos como carta de presentación y no terminar en un neuropsiquiátrico en el intento? Sólo en mi cuarto (por eso mi cuarto parece una tienda de San Telmo a la que no entra nadie). Internet es un cambalache, es el depósito de la inconsciencia del mundo, de todas las personas del mundo (que tienen acceso a Internet, o sea las únicas personas del mundo que importan en Internet).

El 27 de diciembre de 2007, luego de chequear los correos electrónicos que nunca me mandaron, al salir de Hotmail y arribar involuntariamente a la página central de MSN, tuve esta revelación a partir de una combinación impensable –imposible, insuperable– de informaciones. En forma de placas contiguas con fotos, titulares y avances del desarrollo de los artículos respectivos se presentaban estos datos:

Asesinan a Benazir Bhutto
Ex primera ministra paquistaní fue víctima de un ataque suicida
-Biografía
-Galería de fotos

Felices Fiestas
¡A celebrar! Los secretos del Chef José Andrés para la cena de fin de año
-Reglas de oro para la mesa


¡Salud! brindemos por la incurable propensión al pastiche del cyberespacio. El 27 de diciembre podría ser el día de la paradoja o el día de Internet o el día en que da lo mismo un ataque suicida que los secretos de un Chef para la cena de fin de año o el día en que papá noel se paso de copas en navidad y se volvió kamikaze con su trineo o el día en que nos dimos cuenta de que casi todo (todo lo que conocemos por TODO) se fue al carajo.

sábado, 15 de diciembre de 2007

Hermeto, el mago

Hay que verlo parado, a Hermeto hay que escucharlo parado, no para poder mover el cuerpo sino para que el cuerpo te pueda mover a vos. Me equivoqué, un amigo me dijo: “no voy porque esa música brasilera para bailar no me gusta”. Yo le contesté: “no seas gil, qué música para bailar ni que ocho cuartos, Hermeto Pascoal es un instrumentista de la concha de la lora, un loco de los sonidos y los ritmos, un tipo muy admirado y respetado en todo el mundo”. Me equivoqué, y se equivocaron quienes pusieron asientos en las plateas, porque Hermeto hace música para el cuerpo y desde el cuerpo, una música con tanta cabeza que la cabeza no lo entiende. Los que abandonaron sus asientos y se fueron ni bien empezó el espectáculo cuentan con mi más sincera aprobación; el coraje no es una condición de posibilidad para la vida en general, lo es sólo para los desafíos. Hay quienes prefieren la vida en general. Esa gente que entre dientes murmura “me estafaron”, que ya había destinado ese tiempo para el espectáculo por el que pagó y sin embargo tiene algo más importante que hacer, algo más interesante que ver o escuchar. Esa gente que con cualquier viento “raro” ve temerosamente como tambalea el castillo de naipes sobre el que se montan sus certezas. Tuvieron miedo, claro, y lo empezaron a sentir en sus caderas y en su culo que empezaban a querer bailar y despegarse de los asientos. Por eso se fueron, no sabían qué hacer, nunca saben bien qué hacer.
Que Hermeto sea o no un ser de otro planeta importa poco comparado con lo extraordinario de su música y sus delirios rítmicos. Es un mago. Hace aparecer instrumentos de cualquier lado y locos como él que lo siguen en su viaje estrepitoso por un pentagrama que se desdibuja por la velocidad y desaparece. Entonces las notas comienzan a escribirse en el aire, con la libertad que eso implica. Hermeto borra las líneas, los tiempos, los lugares conocidos, cómodos. Los magos tiran por tierra nuestras certezas y eso es lo que hace Hermeto sobre el escenario, con sus instrumentos y su tropa de melómanos en éxtasis: DECONSTRUYE. Por momentos parece que están practicando algún deporte del que Hermeto es una especie de referí que reinventa las reglas del juego permanentemente. De ahí que la excepcionalidad de los músicos que lo acompañan parece resultar no de una cuidadosa selección sino de alguna prueba de supervivencia realizada por el loco de Hermeto en su laboratorio de ritmos.
Pascoal estuvo en Córdoba el 10 de octubre de 2007, vino a percutir todo lo que tenemos por “música”.



martes, 9 de octubre de 2007

Las cosas y sus destinos


Ya leí mucho y también intenté ver mucha televisión pero no había nada soportable, desde luego no tenía esperanzas de encontrar algo interesante, fui menos pretencioso, los domingos soy menos pretencioso. El televisor esta apagado, yo estoy apagado. En realidad los dos estamos en stand by.
Sin nada que provoque esta acción o cualquier otra, me pongo a pasar revista por todo lo que hay sobre la mesada de la cocina. El granito es oscuro con puntitos blancos por toda la superficie y todo lo que hay encima de la mesada parece suspendido en un cielo estrellado. Una manzana de plástico, una bolsa de supermercado, una lapicera BIC, un aerosol de pintura sin tapa, todo flota en el vacío, como yo. Tomo el aerosol y me siento en el piso a leer las indicaciones y recomendaciones de uso del producto. Es un aerosol de pintura color aluminio que mi hermana usó para una maqueta en la que trabajaba. Está vacío pero no está vacío, adentro se mueve algo.
Me doy cuenta de que, naturalmente, se hace difícil leer mientras sacudo el envase y que en realidad resulta más interesante batir el aerosol y escuchar el ruido de esos golpecitos metálicos encerrados que leer algo que ni siquiera leería antes de ponerme a pintar. Ahora no puedo dejar de sacudir la lata. Reflexiono. Nadie lee una indicación para pintar con aerosol, si leyéramos las advertencias y las recomendaciones se nos esfumarían las ganas de pintar. El aerosol es para pintar como se nos da la gana, es un acto de liberación irreverente. El ruido del batido es la música de un vandalismo vital. Tengo que liberarla pienso. Tengo que liberar la bolita que golpea en su trampa metálica desesperada por salir. Tengo que liberarla ya.
Es que de tanto batir veo que la base combada del envase esta abollada por los golpes de la bolita enjaulada. Subo corriendo a mi habitación, abro el cajón del escritorio y saco un punzón. Esa herramienta inventada no se con qué fin, que llevábamos a las clases de plástica de la escuela primaria para hacer no se qué cosas. Ahora pienso que sólo sirve para usarlo a los propósitos de mi compulsiva empresa y que con ello queda justificada su existencia. El punzón fue hecho para que yo lo encuentre en ese cajón y lo clave en el metal, horadando el envase de pintura con una violenta energía.
Comienzo a oler a pintura y a gas y caigo en la cuenta, al mismo tiempo, de que el punzón ya no me sirve, de que su corta vida de servicio ha terminado y , seguro de ello, lo tiro al tacho de basura. El orificio es pequeño y por allí sólo se escapa el olor del encierro pero no la bolita encerrada. Bajo corriendo la escalera y vuelvo sobre mis pasos con la lapicera BIC en la mano. La clavo y agrando el agujero. Y nada. La bolita sigue ahí dentro y me pide con gritos frenéticos de impotencia que la ayude a salir. Tiro con bronca la lapicera por la ventana. Empiezo a desesperarme, le arranco una pata al Snoopy de plástico que tengo sobre la biblioteca y la incrusto con fuerza en la lata ya perforada. La pata se queda, no la puedo sacar, esta empotrada en el envase como si quisiera quedarse allí para siempre. No se ve mal, podría arrancarle los otros miembros al muñeco y hacer un Snoopy enlatado. Finalmente, girándola en círculos, logro arrancar la pata del aerosol y veo caer la bolita liberada sobre una hoja de papel blanco. La bolita gira y se va limpiando y va dejando su rastro de pintura plateada mientras hace un dibujo sobre la hoja, la dejo hacer.
Cuando la miro detenidamente me sorprendo. Me invade una angustia terrible, inexplicable, es la confirmación de un triste presentimiento que se había manifestado en un nivel inconsciente. De chico nunca las llamé así pero a los fines de ser específico tengo que hablar de una “canica”, aunque suene un poco afectado, un poco “poco argentino”, eso es lo que salió del envase. Sencillamente no lo puedo creer. Todavía estoy agitado por mi lucha para abrir el boquete y tengo esa emoción algo penosa, como una pesada nostalgia. “Una bolita” pienso. Cuando era chico la palabra bolita servía para designar únicamente a estas pelotitas de vidrio atravesadas por láminas de colores, que servían para jugar y acumular innecesariamente y que ahora llamo “canica” para no ser impreciso. No puedo serlo, porque no debo deja lugar a dudas sobre lo que verdaderamente salió de la lata, no es una bolita cualquiera. Es algo que no estaba destinado a tal fin, algo usurpado de su mundo, encerrado en la oscuridad. La sensación es esa, algo que no debía estar allí. Y luego la sensación de que muchas cosas no deberían estar en muchos otros lugares. Es una sensación cargada de tristeza, es domingo. La BIC en la calle, el punzón en la basura, un Snoppy mutilado sobre mi escritorio y yo ahí sentado: así las cosas.

viernes, 5 de octubre de 2007

LOS 2 YOES


jueves, 27 de septiembre de 2007

¡ Au revoir Marcel !

Gracias al Emi estoy en el lugar apropiado, en el mejor lugar del mundo para estar la noche del 8 de Abril del año 2005. Estoy solo, rodeado de cientos de personas que de un momento a otro se van a dar cuenta de que también están solas. También se va a dar cuenta de que está sola mi amiga que acabo de saludar en los pasillos que conducen a las plateas del Orfeo. Mi amiga que vino a ver el espectáculo con toda su familia, también se va a dar cuenta.
No se si llamarlo espectáculo, no sé como llamarlo a decir verdad. Espectáculo, en todo caso, el que di frente a mi amiga y su familia cuando la saludé torpemente y tiré el celular al piso. El aparato se reventó, explotó, se destruyó con una estruendosa exageración y yo me puse a recoger los pedazos desparramados entre los pies de mi amiga y los de su familia, y los de la gente que pasaba por ahí apurada por entrar y encontrar su lugar entre los demás asientos. El Motorola Star Tac no anduvo más, lo metí adentro del bolsillo rápido como para que no quedaran pruebas de mi torpeza, mientras decía la estupidez más grande que se me podía haber ocurrido para escapar de la situación: “me pasa siempre, después lo armo en casa”. La hermanita de mi amiga movía la cabeza de lado a lado y miraba a sus padres todavía más sorprendidos que ella de mi espectáculo.
La gente que esta ahí, que me rodea, no sabe. Todos compran comida, gritan, ríen. No entienden. Yo sólo tengo una extraña sensación sobre lo que va a pasar asentada por el hecho de que no vine acompañado y en vez de charlar como todos, pienso. El Emi me regaló la entrada tres días atrás, el día de mi cumple; él si entendía, sabía que yo debía venir solo. Se apagan las luces y unos segundos después Marcel Marceau está “creando el mundo” con su cuerpo y sus gestos adelante mío y de todos. Y ahora todos entienden, todos están solos. Los que charlaban y reían ahora no dejan escapar ni un leve sonido, ni el del roce de la ropa que acompaña el movimiento. Los que estaban comiendo dejaron de masticar.
La obra comienza con “La Creación del Mundo” y luego le siguen otras pantomimas de estilo (cuadros breves que presentan una historia de principio a fin). Y ahora que todos sabemos, ahora que todos entendemos que lo que estamos presenciando no tiene nada que ver con el espectáculo frívolo, ruidoso y atolondrado al que nos tiene acostumbrados la posmodernidad, no podemos respirar. Y no es que contengamos la respiración, simplemente nos hemos olvidado de respirar, porque todavía no existimos: Marcel Marceau está creando el mundo y es emocionante verlo, es fantástico.
En dos horas solo interrumpidas por un breve intervalo que nos permite volver a respirar, y luego de crear el mundo, Marcel Marceau personifica a la justicia, a la libertad, a la belleza y al tiempo; todas esas ideas del tamaño del universo que creemos tan abstractas y ambiguas, tan inasibles, él las encarna con una simpleza brutal. Una sencillez que nos incomoda tanto a la vez nos conmueve profundamente. Nadie sabía que veníamos aquí a ver poesía. Es una de las cosas más hermosas que he visto sobre un escenario.
Pero no todos comprenden y de todos los que no comprenden el más pelotudo esta sentado al lado mío. Es un pelotudo que no deja de hablar, que no entiende el silencio, que no sé para que mierda vino. Intenta descifrar lo que va haciendo el mimo como si todo pasara por adivinar, como si fuera un juego para niños. Este pibe tiene problemas, pienso. Es un monigote de 30 años, pero tiene problemas: esta hablando mientras Marcel Marceau nos revela el significado del mundo a través de la perfecta gramática del silencio. Y justo cuando pienso en matarlo, cuando pienso que vale la pena matarlo para poder contemplar la obra tranquilo, me doy cuenta de que el silencio no es una sensación, es un estado del cuerpo y de la mente y no depende de nadie, es una disposición personal. Entonces creo que Marcel me mira a los ojos y asiente. Se salva mi enemigo circunstancial. Me sumerjo, ahora solo veo.
Marcel Marceau es él, también es Bip, su célebre personaje con el que interpreta en la segunda parte de la obra a un domador, un viajante, un músico callejero y un fabricante de máscaras. Marcel Marceau es él y es el barco donde viaja Bip, el trago que se toma en cubierta, es el domador y los leones, es también el fabricante de máscaras y las mascaras mismas. Sobre un escenario completamente vacío Marcel Marceau es él y es nosotros, es todos y todo. Se desdobla y se vuelve a desdoblar, conversa con él mismo y con otros que también son él. Conversa con nosotros, nos dice tantas cosas sin decir una palabra. Corporiza una “puesta en abismo”, que ni sus compatriotas de la nouveau roman lograron desarrollar. Una poética física que se alimenta de los gritos de la piel. Su cuerpo es un espejo, de un espejo, de un espejo…
Termina la obra y desesperadamente quiero llamar a alguien para contarle, para compartir. Inútilmente. No es sólo el hecho de que tengo un rompecabezas de teléfono celular en el bolsillo, sino que no habría modo de trasmitir esa experiencia oralmente. “Los límites los pone la palabra” dijo unos días atrás en una entrevista antes de presentarse en el Teatro Colón de Buenos Aires. Ya lo creo, habrán notado que esto no es más que un pobre intento de explicar a Marceau, lo que fue verlo. Gracias Emi.
Dos años y medio después, hace unos días, a la mañana, leí en una de las tantas notas que se publicaron por su fallecimiento en los diarios, que su fuente de inspiración y sus principales influencias del cine mudo fueron Buster Keaton, Chaplin y los hermanos Marx (en ese orden). Ese mismo día a la tarde voy a lo de Titi, que se mudó con un amigo suyo, Pepe –no se trata de dos mimos–, y cuando llego me siento en el sillón de su nuevo departamento compartido, y cuando me siento levanto la vista y ahí están: Buster Keaton, Chaplin y los hermanos Marx (en ese orden) colgando de la pared en tres cuadritos. Pienso en las posibilidades de que eso haya pasado realmente y pienso que no tiene sentido siquiera que lo piense. Ahí están y ahí estoy yo diciéndole a Titi:
–Viste que se murió Marcel Marceau.
–Si, boludo, no se puede creer.
–Tengo una tristeza…–digo, y suspendo. Pienso en contarle las sensaciones y la experiencia de haberlo visto pero abandono el intento. Fue “un tiempo fuera del tiempo”. ¡Au revoir Marcel!